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Literatura30 junio, 2026

10 poemas surrealistas de grandes autores

10 poemas surrealistas de grandes autores
Eine Kleine Nachtmusik (1943), pintura al óleo sobre lienzo de la artista estadounidense Dorothea Tanning.
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Publicado originalmente el 30 de enero de 2025. Actualizado el 30 de junio de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.


La poesía surrealista buscó expresar asociaciones, sueños, deseos, temores e imágenes que no obedecen a una explicación inmediata. En estos poemas, una piedra puede moverse, un pájaro confundirse con el viento o una escalera subir mientras el ascensor parece quedarse sin aliento.

El surrealismo surgió formalmente en 1924 con la publicación del Primer manifiesto del surrealismo, escrito por André Breton. El poeta francés propuso una escritura que permitiera registrar el pensamiento con menos vigilancia de la razón. Los sueños, el azar y la asociación libre se convirtieron en recursos importantes para el grupo. El Museo Metropolitano de Arte sitúa el inicio formal del movimiento en el manifiesto de Breton y explica su interés por explorar la imaginación y el inconsciente.

No todos los autores de esta selección pertenecieron al grupo organizado por Breton. Paul Éluard, Philippe Soupault, Louis Aragon y Benjamin Péret participaron directamente en el surrealismo francés. Federico García Lorca, Oliverio Girondo, Octavio Paz y Alejandra Pizarnik mantuvieron relaciones distintas con sus recursos y propuestas.

Esta diferencia es importante: un poema puede contener asociaciones inesperadas o imágenes cercanas a los sueños sin que su autor haya formado parte oficialmente del movimiento.

¿Qué es un poema surrealista?

Un poema surrealista reúne palabras, objetos e imágenes que normalmente no aparecerían juntos. En lugar de contar una historia ordenada, puede avanzar mediante cambios repentinos, escenas incompletas y conexiones que parecen proceder de un sueño.

Uno de sus procedimientos más conocidos fue la escritura automática. Consistía en escribir con rapidez para reducir el control racional sobre las palabras. André Breton relacionó esta práctica con la posibilidad de mostrar el movimiento del pensamiento, mientras que poetas como Robert Desnos participaron en los primeros experimentos de escritura realizados por el grupo. El Met explica el papel de Desnos y del automatismo en la formación del surrealismo.

Esto no significa que todos los poemas surrealistas sean textos improvisados. Muchos fueron revisados y trabajados por sus autores. Lo que los distingue es la manera de relacionar el lenguaje, los sueños, el deseo, los objetos cotidianos y aquello que parece imposible.

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Pintura surrealista Au rendez-vous des amis de Max Ernst que muestra a poetas del surrealismo como André Breton y Paul Éluard posando sobre montañas nevadas en un cielo oscuro.
Au rendez-vous des amis (1922), óleo sobre lienzo de Max Ernst.

Características de la poesía surrealista

Los poemas surrealistas suelen recurrir a:

  • Imágenes que no siguen una explicación lógica.
  • Objetos cotidianos colocados en situaciones inesperadas.
  • Escenas relacionadas con los sueños.
  • Cambios repentinos de lugar, tiempo o narrador.
  • Asociaciones libres entre palabras.
  • Repeticiones, enumeraciones y frases sin puntuación.
  • Encuentros entre elementos lejanos.

Los objetos tienen una función importante. Una investigación disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes sobre la literatura francesa surrealista explica que su aparición permite comunicar pensamientos relacionados con los sueños y producir significados distintos de su uso habitual.

“Habrá”, de André Breton

André Breton fue una de las figuras centrales del surrealismo. Además de escribir el manifiesto de 1924, participó en revistas, encuentros y publicaciones desde las que el grupo difundió sus propuestas.

En “Habrá”, el poeta reúne una fuente, una llave, piedras, una libélula, un camino y cartas de espejos. Estos elementos aparecen conectados por la voz que habla, aunque no forman una historia convencional.

El poema también mezcla recuerdos personales con fechas, lugares y predicciones. La mención de Lyon o del 25 de mayo convive con escenas que parecen surgir de una visión. El resultado no depende de explicar cada imagen, sino de observar cómo una conduce a la siguiente.


Habrá

De dónde llega ese ruido de fuente

Sin embargo la llave no se quedó en la puerta

Qué hacer para desplazar estas enormes piedras

Ese día temblaré por perder un rastro

En uno de los enredados barrios de Lyon

Fue una bocanada de menta cuando iba a cumplir veinte años

Ante mí la senda hipnótica con una mujer sombríamente dichosa

Por otra parte los hábitos van a cambiar mucho

La gran prohibición será levantada

Una libélula correrán para oírme en 1950

En esta encrucijada

El vértigo es lo más hermoso que he conocido

Y cada 25 de mayo al terminar la tarde el viejo Delescluze

Con augusta máscara desciende hacia el Château-d’Eau

Se diría que barajan unas cartas de espejos entre la sombra.

2. “El espejo de un momento”, de Paul Éluard

Paul Éluard participó en el grupo surrealista francés y colaboró con André Breton, Benjamin Péret, Louis Aragon y otros autores cercanos al movimiento.

En “El espejo de un momento”, el espejo no se limita a reproducir aquello que tiene enfrente. El poema lo presenta como una presencia que elimina las apariencias y obliga a mirar aquello que normalmente permanece oculto.

El texto avanza mediante asociaciones entre la piedra, la mano, el pájaro, el viento, el cielo y el ser humano. Las cosas pierden su función cotidiana y se mezclan con aquello que las rodea.

La frase que confunde al pájaro con el viento resume uno de los procedimientos más frecuentes de la poesía surrealista: borrar la frontera entre dos elementos para crear una imagen nueva.


El espejo de un momento

Disipa el día,

muestra a los hombres las imágenes desligadas de la apariencia,

quita a los hombres la posibilidad de distraerse,

es duro como la piedra,

la piedra informe,

la piedra del movimiento y de la vista,

y tiene tal resplandor que todas las armaduras

y todas las máscaras quedan falseadas.

Lo que la mano ha tomado ni siquiera

se digna tomar la forma de la mano,

lo que ha sido comprendido ya no existe,

el pájaro se ha confundido con el viento,

el cielo con su verdad,

el hombre con su realidad.

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Pintura surrealista Los valores personales de Rene Magritte que muestra una habitacion con paredes de cielo nublado y objetos cotidianos gigantes.
Les valeurs personnelles (1952), óleo sobre lienzo del maestro surrealista belga René Magritte.

3. “Aparición urbana”, de Oliverio Girondo

Oliverio Girondo fue uno de los autores más importantes de las vanguardias literarias argentinas. No perteneció al grupo francés de Breton, pero su poesía empleó imágenes inesperadas, deformaciones del lenguaje y asociaciones cercanas a las propuestas de las vanguardias europeas.

En “Aparición urbana”, varias personas encuentran un cuerpo tendido en la calle. La descripción parece referirse a un caballo herido, pero el cierre cambia la escena: mientras otros hablan de un animal, la voz poética cree haber visto un ángel.

La fuerza del poema se encuentra en esa diferencia. El mismo cuerpo puede ser entendido como un hecho cotidiano o como una aparición. La ciudad, el asfalto y los ruidos no eliminan lo inesperado; se convierten en el lugar donde aparece.


Aparición urbana

¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
herido,
malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
todo, todo desnudo,
casi azul, de tan blanco.
Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.

4. “Hacia la noche”, de Philippe Soupault

Philippe Soupault participó junto con André Breton en uno de los primeros experimentos de escritura automática. Ambos publicaron Los campos magnéticos en 1920, obra considerada un antecedente directo de la poesía surrealista.

En “Hacia la noche”, la voz afirma que no espera a nadie, pero escucha un grito que parece proceder de un lugar situado más allá del sueño. La noche reúne a los muertos, lo perdido y aquello que debe volver a encontrarse.

El poema es más fácil de seguir que otros textos surrealistas porque conserva una escena reconocible: alguien permanece solo mientras llega la noche. Sin embargo, el origen del grito y la presencia de los muertos no reciben una explicación.

La repetición de “no espero a nadie” aumenta la sensación de soledad y prepara la entrada de aquello que no puede verse.


Hacia la noche

Es tarde

en la sombra y en el viento

un grito asciende con la noche

No espero a nadie

a nadie

ni siquiera a un recuerdo

Hace ya tiempo que pasó la hora

pero ese grito que lleva el viento

y empuja hacia adelante

viene de un lugar que está más allá

por encima del sueño

No espero a nadie

pero aquí está la noche

coronada por el fuego

de los ojos de todos los muertos

silenciosos

Y todo lo que debía desaparecer

todo lo perdido

hay que volver a encontrarlo

por encima del sueño

hacia la noche.

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Pintura Portrait of Philippe Soupault de Robert Delaunay que muestra al poeta francés asomado a un balcón con la Torre Eiffel de fondo.
Le poète Philippe Soupault (1922), óleo sobre lienzo del pionero del arte abstracto Robert Delaunay.

5. “Acabar con todo”, de Octavio Paz

Octavio Paz no fue integrante del grupo surrealista fundado en París, pero mantuvo una relación cercana con sus integrantes y con sus ideas. Conoció a André Breton durante la estancia del poeta francés en México y dedicó varios ensayos a la poesía moderna, la imagen y la experiencia surrealista.

En “Acabar con todo”, Paz repite las palabras “arde” y “para acabar con todo”. El fuego aparece como llama, ceniza, piedra, desierto, tiempo y soledad.

El poema no describe un incendio concreto. El fuego se encuentra en el cielo, la tierra, los huesos, el aire y el paso del tiempo. La repetición permite que una misma imagen cambie de sentido a lo largo del texto.


Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.

Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.

Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.

Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.

6. “Ciudad sin sueño”, de Federico García Lorca

Federico García Lorca no formó parte oficialmente del grupo de André Breton. Su cercanía con el surrealismo se encuentra principalmente en las imágenes y recursos de Poeta en Nueva York, libro escrito a partir de su estancia en Estados Unidos entre 1929 y 1930.

En “Ciudad sin sueño”, la ciudad permanece despierta y se convierte en un espacio poblado por animales, muertos, niños, heridas y amenazas. Lorca no presenta Nueva York mediante una descripción turística: muestra el cansancio, la multitud, el miedo y la dificultad de encontrar descanso.

Las imágenes cambian con rapidez y relacionan cuerpos, calles, cementerios y criaturas. Esa forma de avanzar permite leer la ciudad como un lugar real y, al mismo tiempo, como una pesadilla.

Lorca había mostrado su cercanía con el surrealismo desde antes de su viaje a Nueva York. El portal institucional Universo Lorca explica que en su conferencia “Imaginación, inspiración y evasión de la poesía” ya se advertía ese acercamiento.

En internet también circula un texto titulado “Tengo algo que decir me digo” bajo el nombre de García Lorca. Sin embargo, no aparece de manera clara en los catálogos institucionales consultados sobre su obra. Para acercarse a la relación comprobable del autor con estas imágenes, resulta más seguro acudir a los poemas incluidos en Poeta en Nueva York.


Ciudad sin sueño

Tengo que decir algo me digo
Palabras que se disuelven en la boca
Alas que de repente son percheros
Donde el grito cae crece una mano
Alguien mata nuestro nombre según libro
¿Quién le arranco los ojos a la estatua?
¿Quién colocó esta lengua alrededor del
Llanto?

Tengo algo que decir me digo
Y me hincho de pájaros por fuera
Labios que caen como espejos Aquí
Allá dentro las distancias se reúnen
Este norte o este sur son un ojo
Vivo alrededor de mí mismo

Estoy aquí allá entre peldaños de carne
A la intemperie
Con algo que decir me digo.

7. “Carlitos místico”, de Louis Aragon

Louis Aragon participó en el dadaísmo parisino y después formó parte del primer grupo surrealista. Su relación con Breton se rompió durante la década de 1930, cuando sus posiciones políticas y literarias tomaron caminos diferentes.

“Carlitos místico” presenta un ascensor que desciende hasta perder el aliento, una escalera que sube, una mujer que parece postiza y un vendedor cuyos rasgos también resultan artificiales.

La escena se parece a una conversación dentro de una tienda, pero cada intervención cambia el sentido de lo ocurrido. El lenguaje comercial, la atracción amorosa y los objetos falsos aparecen mezclados sin una transición clara.

El humor también es importante. No toda la poesía surrealista busca producir miedo o confusión; algunos textos utilizan situaciones absurdas para interrumpir la lógica habitual.


Carlitos místico

El ascensor descendía siempre hasta perder aliento

Y la escalera subía siempre

Esta dama no entiende lo que se habla

Es postiza

Yo que ya soñaba con hablarle de amor

Oh el dependiente

Tan cómico con su bigote y sus cejas

Artificiales

Dio un grito cuando yo tiré de ellos

Qué raro

Qué veo Esa noble extranjera

Señor yo no soy una mujer liviana

Uh la fea

Por suerte nosotros

Tenemos valijas de piel de cerdo

A toda prueba

Ésta

Veinte dólares

Y contiene mil

Siempre el mismo sistema

Ni medida

Ni lógica

Mal tema

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Pintura surrealista La reproduccion prohibida de Rene Magritte que muestra a un hombre de espaldas frente a un espejo que refleja su misma espalda.
La reproduction interdite (1937), pintura al óleo sobre lienzo de René Magritte.

8. “La única”, de Paul Éluard

En “La única”, Paul Éluard describe a una mujer mediante una sucesión de imágenes: una bola de nieve roja, una sombra de silencio, una sombra de rosa y unas manos que quiebran la luz.

El poema no ofrece una descripción física precisa. Cada elemento presenta una emoción o una impresión distinta. La nieve y el color rojo, por ejemplo, reúnen dos sensaciones contrarias: frío y calor.

Éluard escribió numerosos poemas amorosos. En ellos, la persona amada no aparece solamente como un cuerpo, sino como una presencia capaz de transformar la luz, el tiempo y el espacio.

Este poema ayuda a entender que el surrealismo no se limitó a los sueños o las escenas absurdas. El amor, el deseo y la vida cotidiana también fueron temas centrales.


La única

Ella tenía en la tranquilidad de su cuerpo

Una pequeña bola de nieve color rojo

Tenía en los hombros

Una sombra de silencio una sombra de rosa

Cubierta por su aureola

Sus manos y dóciles arcos y cantores

Quebraban la luz.

Ella contaba los minutos sin dormirse.

9. “Cenizas”, de Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik no perteneció al grupo surrealista histórico, que se había formado décadas antes de que ella comenzara a publicar. Sin embargo, conoció la poesía francesa, vivió en París entre 1960 y 1964 y mantuvo un diálogo constante con autores como André Breton, Antonin Artaud y Paul Éluard.

En “Cenizas”, la noche, las estrellas, el odio, la música, el miedo y el sueño forman una escena breve. La voz se pregunta qué hará consigo misma y afirma que no tiene mañana.

El poema pertenece a Las aventuras perdidas, publicado en 1958. Desde el título aparece una imagen que se repetirá en la obra de Pizarnik: aquello que permanece después de una pérdida o de una destrucción.

La autora trabaja con frases cortas y silencios. No explica quién habla ni a quién se dirige. Esa falta de información permite que la angustia ocupe el centro del poema.

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno conserva documentos, manuscritos y papeles personales de Alejandra Pizarnik, un conjunto que permite estudiar su proceso de escritura y sus lecturas.


Cenizas

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos
Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?
Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te…
La noche sufre.

10. “Allô”, de Benjamin Péret

Benjamin Péret fue uno de los participantes más constantes del surrealismo francés. Colaboró con Breton y Éluard, practicó la escritura automática y defendió la relación entre poesía, imaginación y transformación social.

En “Allô”, la voz enumera posesiones imposibles: un avión en llamas, una oreja de cristal, una isla voladora, una uva de turquesa y un revólver de coral.

La estructura repite la palabra “mi” para unir imágenes que no comparten un espacio o una función. La enumeración crece hasta convertirse en una declaración amorosa.

El poema muestra cómo una lista puede producir movimiento. Cada objeto lleva al siguiente mediante su sonido, su color o una asociación difícil de explicar. El lector no necesita reconstruir una historia; puede seguir la velocidad con la que aparecen las imágenes.


Allo

Mi avión en llamas mi castillo inundado de vino del Rhin
mi ghetto de lirios negros mi oreja de cristal
mi roca rodando por el acantilado para aplastar al guarda rural
mi caracol de ópalo mi mosquito de aire
mi edredón de aves del paraíso mi cabellera de espuma negra
mi tumba agrietada mi lluvia de langostas rojas
mi isla voladora mi uva de turquesa
mi colisión de autos locos y prudentes mi arriate silvestre
mi pistilo de cardillo proyectado en mi ojo
mi bulbo de tulipán en el cerebro
mi gacela perdida en un cinema de los bulevares
mi cofrecillo de sol mi fruto de volcán
mi risa de estanque oculto donde se ahogan los profetas distraídos
mi inundación de casis mi mariposa de morilla
mi cascada azul como una ola de fondo que hace nacer la primavera
mi revólver de coral cuya boca me atrae como la boca de un pozo reverberante
helado como el espejo en que contemplas la huida de los colibríes de tu mirar
perdido en una exposición de lencería enmarcada de momias te amo

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Pintura surrealista La duree poignardee de Rene Magritte que muestra una locomotora de vapor saliendo de una chimenea hogareña con un reloj arriba.
La durée poignardée (La duración apuñalada / Time Transfixed) – René Magritte

¿Todos estos autores fueron surrealistas?

André Breton, Paul Éluard, Philippe Soupault, Louis Aragon y Benjamin Péret sí participaron de manera directa en el surrealismo francés.

La situación de los demás autores es diferente:

Federico García Lorca se acercó a recursos surrealistas, especialmente en Poeta en Nueva York, pero no aceptó que su escritura fuera producto exclusivo del automatismo.

Oliverio Girondo formó parte de las vanguardias argentinas y compartió el interés por las asociaciones inesperadas y la transformación del lenguaje.

Octavio Paz mantuvo una relación intelectual y personal con varios surrealistas, pero desarrolló una obra propia que no puede reducirse a ese movimiento.

Alejandra Pizarnik leyó a los surrealistas y utilizó algunas de sus imágenes, aunque perteneció a otra generación y a un contexto literario diferente.

Los estudios actuales también han ampliado la historia del movimiento más allá del grupo encabezado por Breton en París. Una investigación del Met sobre la expansión internacional del surrealismo señala que numerosos autores recibieron su influencia sin pertenecer al núcleo francés.

¿Cómo leer un poema surrealista?

No es necesario encontrar una explicación única para cada imagen. Una forma sencilla de comenzar es identificar los objetos que aparecen y observar qué relación establece el poema entre ellos.

También conviene preguntarse:

  • ¿La escena parece real o procede de un sueño?
  • ¿Qué objetos cambian de función?
  • ¿Qué palabras se repiten?
  • ¿Hay una historia o solo una sucesión de imágenes?
  • ¿Qué emoción producen esas imágenes?
  • ¿El poema tiene humor, miedo, deseo o tristeza?

Un poema surrealista no siempre plantea un acertijo que deba resolverse. Su sentido puede encontrarse en la relación entre las palabras, el ritmo, las repeticiones y las emociones que provoca.

Más poesía surrealista para leer

Para continuar con el tema puedes consultar los poemas surrealistas de Luis Buñuel, quien escribió poesía antes y durante sus primeros trabajos cinematográficos.

También puedes leer esta selección de poemas surrealistas cortos o conocer más textos de André Breton, autor del manifiesto que dio nombre al movimiento.

Redacción

Ruy Martínez

Analista y columnista de música. Fundador de una agencia de prensa musical y colaborador de Indie Rocks! Lee mi columna para un análisis insider de la industria y las tendencias.

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