Cinema Río CDMX: una visita a uno de los últimos cines para adultos del Centro Histórico

Publicado originalmente el 14 de marzo de 2024. Actualizado el 25 de junio de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
Estoy nervioso. Son casi las seis de la tarde y, sobre la calle de Palma, en el Centro Histórico, los comerciantes comienzan a recoger sus productos mientras decenas de peatones apresuran el paso. El movimiento de la zona no ayuda a tranquilizarme.
Ella, por el contrario, luce serena. Incluso bromea sobre la gente que camina con prisa. Tal vez el par de latas de París de Noche que tomamos para darnos valor tuvo un efecto más rápido en su sistema nervioso.
Antes de dar vuelta hacia República de Cuba, nos detenemos unos minutos.
—Leí que el vigilante del Cinema Río revisa las bolsas —me dice mientras me entrega dos latas.
Las guardo dentro de mi chamarra. Después avanzamos por la calle donde se encuentra el Hotel Habana y, antes de caminar demasiado, encontramos el número 81. Sobre la entrada aparece una marquesina desgastada: hemos llegado.
—Pues, ¿vamos? —pregunta ella sin apartar la mirada del edificio.
Durante algunos segundos busco una excusa para marcharme, pero la curiosidad puede más.
—Ahí está la taquilla.
Cruzamos el umbral del Cinema Río, uno de los cines para adultos que todavía funcionan en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Su dirección pública es República de Cuba 81, entre Palma Norte y República de Chile, cerca de las estaciones Allende y Bellas Artes del Metro. El establecimiento también aparece registrado con el teléfono 55 5512 4983 en su página de Facebook.
¿Dónde está el Cinema Río y quién puede entrar?
El Cinema Río cuenta con espacios separados para distintos públicos. La crónica original relata el acceso a una sala para parejas, mientras que los hombres que acudían solos entraban a otra sección.
También hay una sala destinada a parejas heterosexuales y confirmó la ubicación del recinto en República de Cuba 81. Las reglas, tarifas y condiciones de acceso pueden cambiar, por lo que deben consultarse directamente con el establecimiento antes de acudir.
El lugar está destinado exclusivamente a mayores de 18 años. Entrar a una sala para adultos no obliga a quitarse la ropa, tener relaciones sexuales ni convivir con otras personas.
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Butacas y venidas sin palomitas
Dentro del Cinema Río, un taquillero joven, pero nada jovial, se acerca para cobrar. Durante esta visita, el acceso a la sala de parejas costaba 125 pesos. Los hombres que acudían solos pagaban una tarifa diferente y entraban a otra sala.
El precio forma parte de la experiencia relatada y no debe considerarse vigente. Las tarifas actuales no aparecen publicadas de manera uniforme en sus páginas públicas.
El empleado revisa rápidamente nuestras mochilas y después señala las escaleras.
—Subiendo, a mano derecha.
El ingreso es rápido, sin preguntas ni tiempo para pensar demasiado en lo que estamos a punto de encontrar.
Arriba hay un recibidor cubierto de rosa: paredes, piso, luces, baños, señalizaciones y cortinas comparten la misma tonalidad. Lo único que rompe la continuidad son los sillones morados, una pantalla blanca, los extintores y los carteles de películas para adultos.
Un letrero de neón con la palabra Erotika marca el acceso a la sala de parejas.
Al principio no vemos a nadie.
—Igual no hay gente —pienso.
Caminamos junto al baño de mujeres y cruzamos la entrada.
La primera escena aclara que la función no ocurre solamente en la pantalla. En la última fila, una pareja tiene relaciones sexuales sobre las butacas.
Después observo el resto del lugar. Es una sala mediana, con más de diez niveles y decenas de asientos negros y acolchonados. Algunas luces colocadas junto a los escalones sirven como guía. Hay barandales, dos pasillos, una salida de emergencia en la parte superior y una pantalla que se conserva en buenas condiciones.
El olor no es penetrante ni desagradable. El lugar tiene el aroma común de una sala cerrada.
Está casi vacío, tal vez porque es martes. Hay cuatro o cinco parejas repartidas entre las filas.
—Mira, esa morrita se la debe estar mamando —susurra ella mientras señala discretamente hacia un rincón donde apenas alcanzo a distinguir el rostro de un hombre.
Nos sentamos a cierta distancia de las demás parejas.
—¿Venderán palomitas? —pregunta mientras abrimos las bebidas.
—Si vendieran, les pondrían semen como aderezo.
Contenemos la risa y miramos hacia la pantalla.
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¿Qué pasa dentro de la sala para parejas?
Durante varios minutos se proyectan avances de películas eróticas. Sin embargo, la verdadera actividad ocurre entre las butacas. Los sonidos de las parejas se escuchan con mayor claridad que el audio de la pantalla.
—¿Y si volteo? —pregunta ella.
—Igual y se acercan —respondo.
Los dos empezamos a mirar de manera intermitente hacia las otras filas. Observar y ser observado parece ser uno de los principales motivos para entrar.
Una película para adultos puede verse desde una computadora o un teléfono. Dentro del Cinema Río, la presencia de desconocidos cambia la experiencia. La pantalla funciona como acompañamiento para quienes buscan mirar, ser mirados o explorar con su pareja.
La antropóloga Ana Rosas Mantecón ha estudiado cómo asistir al cine implica algo más que consumir una película. Las salas también son espacios de encuentro y convivencia, y su funcionamiento cambia de acuerdo con el público, la ciudad y el tipo de exhibición.
Casi todas las parejas se han quitado alguna prenda. Algunas permanecen en sus lugares; otras se mueven entre las filas.
En un momento, una pareja se levanta y se acerca a otra. Quienes permanecen en las butacas detienen lo que están haciendo y conversan durante unos segundos. No alcanzamos a escuchar lo que dicen.
Podría tratarse de una invitación para participar juntos, pero el encuentro no ocurre. La pareja que se acercó regresa a su lugar y los demás continúan por separado.
Consentimiento, privacidad y límites dentro de un cine para adultos
Entrar a una sala para parejas no significa aceptar contacto físico con otras personas. Una mirada, una conversación o sentarse cerca tampoco equivalen a una invitación.
Cualquier acercamiento debe acordarse de forma clara. El consentimiento puede retirarse en cualquier momento y una negativa no necesita explicaciones.
También es importante no tomar fotografías ni grabar videos. Las personas entran a un espacio donde esperan conservar su privacidad. Registrar o difundir imágenes sexuales sin autorización puede vulnerar su intimidad y tener consecuencias legales.
Antes de ingresar conviene acordar con la pareja qué están dispuestos a hacer, qué prefieren evitar y cómo comunicarán que desean detenerse. Nadie está obligado a participar con otras personas ni a permanecer dentro del lugar.
El jadeo inspira
El movimiento y los sonidos que nos rodean comienzan a influir en ella. Poco a poco desliza una mano hacia mi pantalón.
Al principio siento vergüenza y la aparto. Después de varios minutos observando y escuchando lo que ocurre a nuestro alrededor, yo mismo desabrocho los jeans.
—Ojalá nos vean —dice.
En ese momento dejamos de sentirnos únicamente como visitantes.
No nos acercamos a nadie y permanecemos dentro de los límites que habíamos acordado. La presencia de otras parejas produce una sensación distinta a la de mirar una película en casa: sabemos que pueden observarnos mientras nosotros también las miramos.
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La pantalla pasa a segundo plano
Alrededor de las ocho de la noche, la sala comienza a vaciarse. Las parejas salen con tranquilidad y ninguna parece marcharse junto a otra.
En la pantalla siguen reproduciéndose adelantos de películas.
—¿Por qué no ponen una completa? Estaría más rico —dice ella.
Pienso que da lo mismo. La película funciona como fondo. Lo importante para quienes acuden es estar dentro de un espacio donde se puede mirar, ser mirado y, cuando existe acuerdo, convivir con otras personas.
Permanecemos algunos minutos más. Cuando casi todos se han marchado, recorremos la sala. Encontramos empaques de condones, servilletas y algunas latas, aunque no en cantidades excesivas.
Después bajamos las escaleras. El empleado sigue en la entrada. Nos mira, pero no dice nada. Para él, la llegada y salida de parejas forma parte de un día normal.
Unas calles después me acuerdo de los nervios que sentía antes de entrar y me río de mí mismo.
—¿Entonces cuándo volvemos? —le pregunto.
Por fin entiendo a Travis en Taxi Driver.
El Cinema Río y la transformación de los antiguos cines de la CDMX
El Cinema Río pertenece a una generación de salas abiertas cuando ir al cine era una de las principales actividades de entretenimiento en la capital. Durante buena parte del siglo XX, estos recintos no solo proyectaban películas: también funcionaban como puntos de reunión para estudiantes, trabajadores, familias y habitantes de distintos barrios.
Las investigaciones de Ana Rosas Mantecón sobre los públicos cinematográficos explican que las formas de asistir al cine cambiaron con la televisión, el video doméstico, la expansión urbana y la llegada de complejos comerciales con varias pantallas. En ese proceso, numerosos cines tradicionales perdieron espectadores, cerraron o buscaron otras formas de mantenerse abiertos.
El Cinema Río continuó funcionando mediante una programación para adultos. No fue un caso aislado: varios antiguos cines de la Ciudad de México cambiaron de uso al dejar de competir con las grandes cadenas y las nuevas formas de ver películas.
La investigación sobre públicos también señala que las audiencias no son iguales. El comportamiento dentro de una sala depende del lugar, el momento histórico, el género de las películas y las personas que asisten. Una función comercial, una muestra de cine, un autocinema y una sala para adultos producen formas diferentes de convivencia.
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La pornografía existía antes de internet
Las películas para adultos no aparecieron con las páginas de internet ni con las plataformas de suscripción. La producción y exhibición de imágenes sexuales acompañó al cine desde sus primeras décadas.
La Filmoteca de la UNAM conserva una colección de cine pornográfico silente que ha sido objeto de una tesis doctoral en Historia del Arte. El estudio muestra que estas películas también forman parte de los archivos cinematográficos y permiten investigar cómo fueron representados el cuerpo, el deseo y la sexualidad antes de la llegada del cine sonoro.
Con el tiempo, la pornografía pasó de las salas a los videocasetes, los discos, la televisión de paga y las páginas web. Ese cambio redujo la necesidad de acudir a un cine para ver contenido sexual, pero no eliminó los espacios colectivos.
El Cinema Río ofrece algo que una pantalla privada no puede reproducir: la presencia de otras personas dentro de la misma sala.
Qué debes saber antes de visitar el Cinema Río
El Cinema Río se encuentra en República de Cuba 81, Centro Histórico, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. Las estaciones de Metro más cercanas son Allende, de la Línea 2, y Bellas Artes, con acceso a las líneas 2 y 8.
Antes de acudir, conviene tomar en cuenta lo siguiente:
- El acceso es exclusivo para mayores de 18 años.
- Las tarifas y los horarios deben confirmarse directamente con el establecimiento.
- La sala para parejas tiene condiciones diferentes a la sala para hombres solos.
- Entrar no obliga a realizar actividades sexuales.
- Cualquier contacto requiere consentimiento.
- No se deben tomar fotografías ni grabar videos.
- Es recomendable acordar límites con la pareja antes de entrar.
- El uso correcto del condón reduce el riesgo de infecciones de transmisión sexual.
- No deben compartirse imágenes ni datos de otros asistentes.
- Es importante respetar las indicaciones del personal y ubicar las salidas de emergencia.
Preguntas frecuentes sobre el Cinema Río
¿Dónde está el Cinema Río?
Está en República de Cuba 81, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, entre Palma Norte y República de Chile.
¿Pueden entrar mujeres?
Sí. La crónica relata el acceso de una pareja y el establecimiento mantiene una comunidad pública dirigida a parejas adultas. Las condiciones vigentes deben consultarse antes de acudir.
¿Se puede entrar sin pareja?
Los hombres que acuden solos han ingresado históricamente a una sala diferente. Las reglas actuales deben confirmarse directamente con el Cinema Río.
¿Es obligatorio tener relaciones sexuales?
No. Las personas pueden permanecer vestidas, observar, estar únicamente con su pareja o salir en cualquier momento.
¿Se puede interactuar con otras parejas?
Únicamente cuando todas las personas aceptan de manera clara. Entrar a la sala no equivale a consentir contacto físico.
¿Cuánto cuesta la entrada?
Durante la visita relatada, el acceso para parejas costó 125 pesos. Esa cantidad no debe presentarse como tarifa actual.
¿Cuál es el teléfono del Cinema Río?
Los directorios públicos registran el número 55 5512 4983.
¿Qué Metro está cerca?
Las estaciones más próximas son Allende y Bellas Artes.
Redacción
Yair Hernández
Colaborador en Yaconic, reportero en Milenio. Columnista especializado en cultura. Lee mi trabajo para obtener un análisis cultural con el rigor periodístico de un medio nacional.







