Cuando se habla de muralistas en México normalmente vienen a la mente nombres como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco. Tal vez Juan O’Gorman o José Luis Cuevas. Y claro, nunca se deja atrás a Diego Rivera; casi nunca se menciona a una mujer, a la primera muralista y revolucionaria, Aurora Reyes. No era una figura trágica para ser convertida en mercancía, sino una militante armada con pinceles que hackeó el monopolio masculino de los muros.
En la historia oficial del arte mexicano, la saturación mediática de la ‘Fridamanía’ ha funcionado como una cortina de humo que oculta las trayectorias de mujeres cuya obra no fue diseñada para el consumo biográfico. Más bien fue diseñada para la transformación sociopolítica. Aurora Reyes no es solo «la primera muralista mexicana»; es el registro de una soberanía intelectual que el canon ha intentado silenciar. Su exclusión de los grandes circuitos de difusión no es un error de la historia. Al contrario, es una decisión política:
Aurora Reyes Flores nació el 9 de septiembre de 1908, siendo originaria de Hidalgo del Parral, Chihuahua; hija de Luisa Flores y el capitán León Reyes. Desde muy chica debió dejar la tierra que la vio nacer para asentarse primero en la ciudad de Jiménez, otra localidad del estado chihuahuense. Esto ocurrió debido a que su abuelo Bernardo Reyes era leal a Porfirio Díaz. Cuando éste se quiso levantar en armas contra el presidente Madero, fue asesinado.
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La estadía de Aurora en Chihuahua se vio aún más corta cuando su familia se trasladó a la Ciudad de México para rendirle honores a su abuelo fallecido. Sin embargo, al mismo tiempo fueron víctimas de una persecución política. Por lo mismo, tuvieron que refugiarse en el barrio de La Lagunilla en plena clandestinidad.
Durante esa época, Aurora y su madre vendieron quesadillas para subsistir. La cercanía con el pueblo, la pobreza y el abuso que sufría esa parte de la ciudad por ser de una clase social diferente la plasmaría en un futuro en sus obras. Igualmente, el paraje desértico de Chihuahua quedaría en la mente de la muralista para siempre. A pesar de su corta edad, esa imagen quedó marcada en su memoria.
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Aurora Reyes y el arte
Ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria y conoció a Frida Kahlo y Diego Rivera, con quienes estableció una amistad muy cercana. Rivera fue quien la acercó al movimiento muralista, donde Aurora se convertiría en la primera mujer muralista mexicana. La amistad era tal con estos dos personajes que la pintora fue expulsada tras un enfrentamiento con una perfecta que estaba contra los ideales de Rivera. De paso, también en contra de su abuelo Bernardo.
Eso no detuvo a la chihuahuense, tiempo después ingresó a la Academia de San Carlos pero lo dejó. Se dio cuenta de que lo suyo era ser autodidacta. La autoridad técnica de Aurora Reyes se consolida en 1936 con la creación de «El atentado a los maestros rurales», ubicado en el Centro Escolar Revolución. Mientras sus contemporáneas se enfocaban en el caballete y la exploración del «yo», Reyes tomó el espacio público para denunciar la violencia del Estado. Además, denunció la violencia del clero contra la educación laica.
Aurora Reyes fue parte de Las Pavorosas, un movimiento intelectual y feminista que promovía los derechos humanos, el derecho al voto para la mujer y que las féminas pudieran obtener un cargo público. También fundó la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios.
Su técnica de composición, influenciada por su formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes, demuestra una comprensión del espacio arquitectónico que rivaliza con la de Rivera o Siqueiros. Sin embargo, su nombre no suele encabezar las listas de los «grandes». Esta omisión responde a su negativa a suavizar su discurso para el mercado del arte internacional.
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Pero la artista no se limitó sólo a los murales, de igual forma cultivó grandes obras dentro de la poesía, siendo el Hombre de México el más reconocido, pues denunciaba los abusos y sometimientos que las mujeres sufrían por parte de los hombres, la sociedad y el Estado.
El silencio político que rodea su figura se debe a su radicalismo. Reyes fue una líder sindical incansable que luchó por el derecho al voto femenino y la creación de guarderías para las hijas de las trabajadoras. Esta faceta de su vida, documentada en los archivos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), es fundamental para entender que su muralismo no era una extensión de su vida privada. Más bien, era una herramienta de su activismo. Para Aurora, el muro era la trinchera donde se defendía la soberanía del pueblo.
El legado de Aurora Reyes se puede encontrar en la Ciudad de México, como en la Sala de Cabildos de Coyoacán donde está el mural Primer Encuentro. También puede encontrarse en el auditorio 15 de mayo de la SNTE o en el Centro Escolar de la Revolución.
La primera muralista mexicana falleció en la Ciudad de México a los 76 años de edad. Siempre recordada por sus pinturas y por ser parte de una generación que alzó la voz. Por ejemplo, aquella vez en 1968, donde fue partícipe de la movilización estudiantil y que derivó a resguardarse de la persecución política (cómo la que tuvo su padre) en el Manicomio General La Castañeda.
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Publicado originalmente el 12 de julio de 2021. Actualizado el ____ por el Equipo Editorial.
Rosh Márquez
Periodista (UNAM) y columnista cultural. Con experiencia en PÓLVORA rock y otros medios especializados. Lee mi columna para obtener un análisis profundo de la escena cultural y musical.





