Imagina por un momento la escena: el rostro familiar del Coronel Sanders te invita a disfrutar de su famoso pollo frito, mientras justo encima, una monumental escultura soviética de la década de 1960 despliega figuras heroicas. Esta singular imagen no es una fantasía, sino una realidad palpable en una de las franquicias de KFC en Minsk, Bielorrusia. Aquí, el comunismo y el capitalismo se entrelazan en un contraste fascinante, ofreciendo una de las estampas más curiosas de la capital bielorrusa y un claro indicador de su evolución.
El establecimiento de comida rápida, resulta ser el KFC soviético y brutalista que ha capturado la atención global por su ubicación estratégica. Abrió sus puertas en 2015, marcando la creciente incursión de cadenas occidentales en el mercado bielorruso, a medida que el país emergía de un largo periodo de aislamiento. Esta apertura no solo trajo consigo el inconfundible sabor del pollo frito, sino que también estableció un diálogo visual único con una obra de arte pública de gran importancia histórica.
«Solidaridad»: la obra que adorna el KFC soviético
La impresionante escultura que preside este particular KFC en Minsk se llama «Solidaridad». Creada en la década de 1960 por el escultor Anatol Yafimovich Arcimovich, esta pieza fue diseñada siguiendo el distintivo estilo del realismo socialista. Este movimiento artístico fue muy popular en la Unión Soviética, buscando glorificar el trabajo, la vida colectiva y los ideales comunistas a través de representaciones heroicas y didácticas, un fuerte contraste con la marca global de pollo frito.

El diseño del KFC en sí mismo sigue el modelo global de la franquicia, replicado desde Estados Unidos hasta China. Los vibrantes colores rojos de la marca del Coronel Sanders, un símbolo mundial del consumo capitalista, curiosamente sustituyen el rojo que en otra época representaba el socialismo. Esta yuxtaposición visual invita a una reflexión sobre los cambios ideológicos y económicos que ha experimentado la nación, especialmente desde el fin de la Guerra Fría.
La capital bielorrusa, Minsk, tiene una historia marcada por la resiliencia. Sufrió daños incalculables durante la Segunda Guerra Mundial, pero tras la derrota del ejército alemán, fue honrada como Ciudad Héroe. Por orden expresa de Iósif Stalin, fue reconstruida y remodelada para convertirse en una ciudad modelo soviética, caracterizada por amplios bulevares y elaborados murales y esculturas que perduran como reliquia de esa era socialista y que hoy coexisten con el avance capitalista.
Quizás, en cierta medida, este KFC de estilo soviético en Minsk podría ser interpretado como el punto donde las ideologías se encuentran. La presencia de cadenas de comida rápida y marcas occidentales en sus calles señala un claro punto de inflexión hacia el capitalismo, mientras las imponentes estructuras soviéticas recuerdan un pasado reciente. Esta inusual combinación es, sin duda, un indicador fascinante del cambio cultural y económico en la capital bielorrusa, ofreciendo a locales y visitantes una experiencia verdaderamente única.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





