Nacida en la vibrante Buenos Aires un 29 de Abril de 1936, Flor Alejandra Pizarnik fue una traductora y poetiza importante, considerada cómo una de las voces más representativas de la generación de los 60. Sus poemas continúan siendo objeto de estudio y admiración, demostrando la atemporalidad de su visión artística y su relevancia en el panorama literario contemporáneo. Realizó estudios en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires, posteriormente viajó a Paris donde estudió Literatura Francesa en La Sorbona.
El origen migratorio de la familia de Alejandra Pizarnik fue una influencia fundamental en la configuración de su identidad y obra. Sus padres, inmigrantes de Rusia, se establecieron en Argentina, donde su apellido original, Pozharnik, se transformó en el conocido Pizarnik. Esta dislocación y cambio de identidad, tan común en las experiencias migratorias del siglo XX, pudo haber sembrado en la poetisa una sensibilidad única hacia el lenguaje y la búsqueda de pertenencia, temas recurrentes en su aclamada poesía.
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«Recuerdo mi niñez
Alejandra Pizarnik
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.
Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos».
La amplitud cultural de Alejandra Pizarnik se manifestó en su activa participación en diversas esferas artísticas. No solo fue una poeta consumada, sino que también se adentró en el mundo del arte visual, especialmente a través de su vínculo con el pintor surrealista Batlle Planas. Sorprendentemente, Pizarnik también estudió periodismo, una formación que le permitió ejercer como crítica cultural. Sus análisis, publicados en periódicos de la época, revelan una mente aguda y una profunda comprensión de las corrientes estéticas de su generación.
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Los comienzos de Alejandra
La temprana carrera de Alejandra Pizarnik se distingue por su inmediatez y talento. En 1955, con solo diecinueve años, vio la luz su primer poemario, La tierra más ajena, publicado por Botella al Mar, capturando la atención de la crítica. Este debut fue el catalizador de una vertiginosa producción literaria en Argentina, la cual culminó con la aparición de cuatro obras más. Solo después de establecerse como una voz esencial en su país natal, Pizarnik tomó la decisión de trasladarse a París, buscando nuevos horizontes creativos.
Durante su estancia en París, Alejandra Pizarnik consolidó su versatilidad profesional y artística. Colaboró activamente con diversas editoriales, destacándose su participación en la influyente revista «Cuadernos». En este fértil ambiente intelectual, Pizarnik no solo continuó cultivando su poesía, sino que también ejerció como crítica literaria y traductora. Sus aportes incluyen la traducción de obras de figuras tan relevantes como Antonin Artaud y Aimé Césaire, lo que demuestra su profundo conocimiento y su capacidad para tender puentes entre culturas.
PELÍCULAS QUE PLASMAN EL MUNDO DE LA POESÍA

Durante la década de 1960, la trayectoria de Alejandra Pizarnik en París se enriqueció con encuentros trascendentales. Allí forjó lazos significativos con figuras cumbres de la literatura como Octavio Paz y Julio Cortázar, además de la notable Ivonne Bordelois. Estas conexiones intelectuales sin duda nutrieron su visión artística. Hacia 1964, Pizarnik regresó a Buenos Aires, donde el reencuentro con su amiga y colega Silvina Ocampo impulsó una prolífica fase creativa, resultando en la publicación de siete nuevas obras que abarcaron desde poesía y escritos hasta relatos surrealistas y novelas cortas.
El viento muere en mi herida.
La noche mendiga mi sangre.
Nada, de Alejandra Pizarnik
La obra de Pizarnik
Si bien La tierra más ajena (1955) marcó su inicio, la obra cumbre de Alejandra Pizarnik se forjó a lo largo de intensos años. Libros clave como La última inocencia (1956), Las aventuras perdidas (1958), y el icónico Árbol de Diana (1962) la posicionaron como figura central. Le siguieron Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y El infierno musical (1971), demostrando su constante evolución. Crucial para entender su legado, Textos de sombra y últimos poemas (1982), publicado póstumamente, ofrece una visión definitiva de su genio.
LA POESÍA EL MEJOR REMEDIO PARA COMBATIR LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN

Una flor
Amantes de «Los trabajos y las noches» 1965. Alejandra Pizarnik
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío
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El destino de Alejandra Pizarnik se selló el 25 de septiembre de 1972, cuando apenas contaba con 36 años. Su partida fue una lamentable consecuencia de una severa depresión que la acompañó a lo largo de su vida, culminando en la trágica ingesta de 50 pastillas de Seconal. Aunque su fallecimiento prematuro dejó una profunda tristeza en el ámbito cultural, su obra poética perdura con una intensidad y resonancia inigualables, consolidándola póstumamente como una figura central de la literatura moderna.
Cinthia Flores
Fotógrafa, Reportera y Redactora cultural en Yaconic. Licenciada en Artes Visuales (UNAM), mi columna se especializa en la estética gótica, la arquitectura alternativa y el diseño de moda dark. Con una perspectiva forjada en medios como Infobae y PÓLVORA rock, utilizo mi lente y mi pluma para analizar el significado, la historia y la materialización de las subculturas visuales. Si buscas una inmersión profunda en la cultura oscura desde una mirada crítica y documentada, este es tu espacio.





