El 1992 no solo fue un año; fue un punto de inflexión para el diseñador Marc Jacobs y, por extensión, para la historia de la moda. En lo que se convertiría en uno de los desfiles más infames y, a la vez, más influyentes de la era moderna, Jacobs presentó su colección Primavera/Verano 1993 para Perry Ellis. Este evento no solo generó un sismo cultural, sino que también le costó el puesto al joven diseñador, un episodio que hoy se valora como una muestra de visión adelantada a su tiempo. El desfile grunge de Marc Jacobs pasó a la historia como un evento icónico.
Cuando Marc Jacobs asumió la dirección creativa de Perry Ellis en 1988, la marca era sinónimo de la pulcritud y el clasicismo americano. Sin embargo, para 1992, Jacobs se sentía atraído por una fuerza contracultural que emergía con potencia desde Seattle: el grunge. Este movimiento, caracterizado por su autenticidad sin pulir, su música disonante y una estética deliberadamente «desaliñada», contrastaba radicalmente con el lujo tradicional de la moda. Jacobs tuvo la audacia de llevar esa energía cruda a la pasarela, creando prendas con la sofisticación de la alta costura, pero con el espíritu rebelde de la calle.

El desfile grunge de Marc Jacobs fue una declaración audaz. Modelos de la talla de Naomi Campbell, Kate Moss y Christy Turlington desfilaron con vestidos «granny» de flores, camisas desgastadas de franela a cuadros atadas a la cintura, gorros slouchy y las entonces subversivas botas Dr. Martens. La visión de Jacobs era clara: difuminar las líneas entre el lujo y la «anti-moda», elevando lo cotidiano a una forma de expresión artística. Fue un golpe para la ortodoxia de la moda de la época, que consideraba el desaliño como algo inaceptable en las pasarelas de alta costura.
La reacción inicial fue, en su mayoría, ferozmente negativa. Críticos influyentes como Cathy Horyn no tardaron en expresar su desaprobación, argumentando que «el grunge es un anatema para la moda» y que «pocas veces el desaliño ha lucido tan consciente de sí mismo, o ha tenido un precio tan alto». La prensa estaba perpleja; la idea de pagar precios elevados por ropa que parecía salida de una tienda de segunda mano era incomprensible para muchos. Esta recepción fría, combinada con una estrategia empresarial de Perry Ellis de enfocarse más en licencias, llevó a la inminente salida de Jacobs. Pocas semanas después del desfile, Marc Jacobs fue despedido, un desenlace que él mismo confesó no haber anticipado.

Sin embargo, el tiempo tiene una forma peculiar de validar la visión. Lo que en 1992 fue visto como un error comercial y un paso en falso, hoy se reconoce como un momento seminal en la moda contemporánea. El desfile grunge de Marc Jacobs para Perry Ellis se adelantó a su época, previendo una tendencia que hoy es omnipresente: la fusión del streetwear con el lujo, la aceptación de la imperfección y la reinterpretación de la cultura pop en las pasarelas. Este desfile abrió la puerta a la democratización del estilo y a la celebración de la individualidad por encima de la perfección impuesta.
El valor de esa colección en la actualidad es incalculable. No solo marcó el inicio de la trayectoria de Jacobs como un diseñador visionario y transgresor, sino que también es un testimonio de cómo la moda puede ser un reflejo y un motor de cambio cultural. De hecho, en 2018, Marc Jacobs relanzó 26 looks clave de esa icónica colección bajo su propia marca, con el respaldo de Perry Ellis, validando aún más su impacto duradero. El desfile grunge de Marc Jacobs no fue solo ropa; fue una declaración, un manifiesto que, aunque inicialmente incomprendido, sentó las bases para gran parte de lo que vemos en las pasarelas y en las calles hoy.
El debut de Glenn Martens en Maison Margiela: alta costura performática
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola



