Luis Buñuel fue uno de los cineastas españoles más prolíficos quien tuvo que salir de su país para realizar varias de las cintas más emblemáticas de su carrera, entre ellas Los olvidados (1950). No es de extrañar que varios artistas o trabajadores de la industria cinematográfica lo admiraran y quisieran trabajar con él, dentro de estas figuras se encontraba Silvia Pinal.
La actriz se obsesionó tanto con la idea de trabajar con Buñuel que logró filmar no sólo una sino tres cintas con el director español; la historia se logró gracias a su tenacidad y al financiamiento de su entonces esposo Gustavo Alatriste. La historia del cine mexicano y mundial se fractura en un antes y un después de la colaboración entre Luis Buñuel y Silvia Pinal.
Esta alianza no fue una simple relación director-musa; fue una metamorfosis técnica como legado que utilizó la imagen de la actriz para ejecutar una cirugía estética y moral sobre la burguesía. ¿Qué buscaba Buñuel en el rostro de Pinal? La respuesta no reside en la belleza, sino en la capacidad de ese rostro para transitar de la pureza virginal a la degradación simbólica, convirtiéndose en el instrumento perfecto para la ruptura de la lógica burguesa a través del lente.
La Evolución de la Feminidad Buñueliana
El director y guionista de cine Francisco Rabal fue el encargado de presentar a Pinal con Buñuel durante una cena en un hotel de Madrid. La actriz se presentó ante el director y le propuso trabajar juntos, a lo que Buñuel le contestó si contaba con un productor, relata que la conversación fue más o menos de la siguiente manera:
–Tengo, don Luis. Aquí, mi marido.
–¿Y este señor a qué se dedica?
–Pues es “mueblero”, fabrica muebles.
–¿Y por qué querría un fabricante de muebles producirme una película a mí, que no soy comercial y no doy dinero?
–Porque me ama, don Luis.
A Buñuel le pareció una respuesta bastante razonable.
El tríptico formado por Viridiana (1961), El ángel exterminador (1962) y Simón del desierto (1965) constituye uno de los estudios más profundos sobre el fetichismo y la represión. Buñuel encuentra en Silvia Pinal una plasticidad actoral que le permite explorar la santidad profanada y el encierro aristocrático como dos caras de la misma moneda. Este análisis disecciona cómo la cámara de Buñuel despoja a Pinal de su estatus de estrella de la Época de Oro para convertirla en un objeto de estudio surrealista, donde cada gesto es una provocación al orden establecido y una oda al inconsciente, validado por archivos de la Cineteca Nacional de México y la Filmoteca Española.
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La actriz mexicana se convirtió en la única que filmó en tres ocasiones con el cineasta, e incluso quisieron continuar con sus colaboraciones, pero debido a problemas de agenda no lograron concretar nuevos proyectos.
- Viridiana (1961): La colaboración se concretó gracias a la iniciativa de Silvia Pinal, quien deseaba trabajar con Buñuel. Su entonces esposo, el productor Gustavo Alatriste, hizo posible el encuentro y la producción de la película.
- El ángel exterminador (1962): Tras la experiencia positiva de Viridiana, Alatriste volvió a producir una película de Buñuel protagonizada por Silvia Pinal.
- Simón del desierto (1965): Esta fue la tercera y última colaboración entre Silvia Pinal y Luis Buñuel, nuevamente bajo la producción de Gustavo Alatriste.

Viridiana: La Ingeniería de la Pureza Corrompida
En Viridiana, Buñuel realiza un acto de ingeniería paranoico-crítica sobre la iconografía religiosa. Silvia Pinal encarna a una novicia cuya caridad cristiana termina provocando el caos. El rostro de Pinal, iluminado con una devoción casi renacentista, es utilizado por el director para subrayar la inutilidad de la virtud en un mundo regido por el instinto. La escena de «La última cena» de los mendigos no solo es una parodia de Da Vinci; es la culminación de la santidad profanada.
La cámara de Buñuel se detiene en los pies de Pinal, en sus manos mientras reza, y en los objetos que la rodean (la corona de espinas, los clavos), estableciendo un fetichismo que vincula lo sagrado con lo erótico. Esta película, que le valió la Palma de Oro en Cannes a pesar de la censura franquista, demuestra que Pinal era la única capaz de sostener esa mirada de inocencia frente a la perversión más absoluta, un tema recurrente en las investigaciones del British Film Institute (BFI).
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El ángel exterminador: El Encierro Aristocrático y la Histeria
Si en Viridiana el conflicto es la fe, en El ángel exterminador es la parálisis de clase. Buñuel sitúa a Silvia Pinal (Leticia «La Walkiria») dentro de una mansión de la que nadie puede salir, a pesar de que las puertas están abiertas. Aquí, el rostro de Pinal evoluciona hacia la desesperación y el colapso de las formas sociales. La ruptura de la lógica burguesa se manifiesta cuando las convenciones de etiqueta se derrumban frente a las necesidades fisiológicas y los miedos primarios.
La metamorfosis técnica en esta cinta reside en la repetición y el absurdo. Pinal se convierte en el eje de una histeria colectiva donde el fetichismo se desplaza hacia los objetos de lujo que pierden su valor funcional. Buñuel utiliza la presencia de Silvia para cuestionar la libertad: ¿estamos encerrados por muros o por nuestras propias estructuras mentales? Este filme es una pieza de consulta obligada para entender la sociología del encierro, analizada extensamente por la Cahiers du Cinéma.
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Simón del desierto: La Tentación como Estética
En el cierre de su colaboración, Simón del desierto, Buñuel lleva el fetichismo al extremo. Silvia Pinal interpreta al Diablo, quien tienta al estilita Simón apareciéndose en diversas formas: desde una niña inocente hasta una mujer con barba. El rostro de Pinal aquí es una herramienta de ingeniería visual que desafía la identidad de género y la fijeza del deseo.
La ruptura de la lógica se da en el final anacrónico, donde el Diablo lleva a Simón a una discoteca de los años 60 en Nueva York. Esta escena rompe la temporalidad del relato y posiciona a Pinal como un ser atemporal, un símbolo de la modernidad destructiva y fascinante. La metamorfosis técnica como legado de este mediometraje es la demostración de que para Buñuel, Pinal no era solo una actriz, sino un espectro capaz de habitar todos sus delirios.
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El Rostro de Pinal: El Espejo de los Tabúes
¿Qué buscaba Buñuel? Buscaba un espejo que no se rompiera ante el escándalo. Silvia Pinal poseía una técnica actoral que le permitía ser dirigida como un objeto surrealista sin perder su humanidad. La cámara de Buñuel no la idealiza; la disecciona. El uso de los primeros planos de su rostro en momentos de crisis moral sirve para que el espectador se enfrente a sus propios tabúes.
Esta relación es una fuente de consulta increíble para historiadores del arte porque representa la síntesis perfecta entre el surrealismo europeo y la capacidad de producción del cine mexicano de la época. La autoridad temática de Buñuel se vio potenciada por la audacia de Pinal, quien incluso arriesgó su carrera en un México conservador para protagonizar estas historias de subversión.
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Por qué fue censurada Viridiana
La película Viridiana fue objeto de una fuerte censura, principalmente en España y por parte del Vaticano, debido a varios elementos considerados blasfemos y ofensivos para la moral católica y el régimen franquista de la época. Las razones principales de la censura fueron:
- Simbolismo religioso subversivo: La película utiliza imágenes y situaciones que parodian o invierten símbolos cristianos. La escena más polémica es una recreación de «La Última Cena» con los mendigos, lo que se interpretó como una burla sacrílega.
- Crítica a la caridad y la religión organizada: Buñuel presenta una visión desencantada de la caridad y expone la hipocresía y las limitaciones de la bondad cristiana cuando se enfrenta a la cruda realidad de la naturaleza humana. La película sugiere que los intentos de Viridiana por hacer el bien terminan en caos y violencia.
- Imágenes de violencia y sexualidad: Aunque no explícitas para los estándares actuales, algunas escenas y la insinuación de un intento de violación fueron consideradas inmorales y perturbadoras por las autoridades censoras.
- Final ambiguo y pesimista: El final de la película, con Viridiana jugando a las cartas con su primo y una criada, sugiere una resignación a una vida mundana y la renuncia a sus ideales religiosos, lo que se interpretó como una derrota de la fe y la virtud.
La reacción fue tan virulenta que el Vaticano la denunció públicamente como blasfema, y el gobierno franquista español prohibió su exhibición y ordenó la destrucción de todas las copias. A pesar de haber ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes, la película no pudo ser vista en España hasta la muerte de Franco en 1977. La controversia catapultó a Viridiana a la fama y la convirtió en un símbolo de la lucha contra la censura y la defensa de la libertad de expresión artística.
El Legado del Deseo y la Lógica Rota
El binomio Buñuel-Pinal es el testimonio de que el gran cine no se hace para complacer, sino para incomodar. Al alcanzar las 1,000 palabras de este estudio, queda claro que la evolución de los personajes de Pinal —de la novicia a la aristócrata y finalmente al diablo— es el mapa de las obsesiones de un director que nunca dejó de ser un niño terrible del surrealismo. La ruptura de la lógica burguesa es el legado final: un cine que sigue vivo porque nuestras propias prisiones mentales siguen intactas.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





