Publicado originalmente el 3 de diciembre de 2021. Actualizado el 13 de mayo de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
XX: Pasión por el Horror es una antología que reúne cuatro cortometrajes de terror que giran en torno a una caja misteriosa, una muerte en una fiesta de cumpleaños, un campamento que termina mal y un niño del infierno, todos ellos dirigidos por mujeres. En sus historias, los relatos abordan temas complejos que la mujer enfrenta en su vida diaria, como las culpas de la maternidad y la ansiedad.
El verdadero horror no siempre habita en las sombras; a menudo, se esconde a plena luz del día, dentro de las estructuras que la sociedad considera sagradas. En estas cuatro tramas, el miedo no proviene de una entidad externa o un monstruo bajo la cama; surge, en cambio, de las instituciones impuestas a la mujer.
La maternidad obligatoria, la crianza aislada, las dinámicas de las fiestas familiares y la entrega del cuerpo como territorio de sacrificio son los verdaderos motores de una angustia que no tiene escapatoria, precisamente porque nace del deber ser.
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En la dinámica de la industria cultural contemporánea, el horror ha dejado de ser un simple género de entretenimiento para convertirse en un registro forense de nuestras ansiedades colectivas; el terror no reside únicamente en lo sobrenatural, sino en la fricción cruda entre lo cotidiano y lo imposible. Estas cuatro crónicas no son solo relatos; son espacios de resistencia psicológica donde lo inexplicable fractura nuestra normalidad cotidiana. Nos recuerdan que la estabilidad de la realidad es un territorio sumamente frágil.
Las directoras de cada corte son Jovanka Vuckovic (La caja), Annie Clark (Fiesta de cumpleaños), Roxanne Benjamin (No caigas) y Karyn Kusama (Su único hijo vivo), acompañadas por la mexicana Sofía Carrillo, quien realizó la secuencia de las viñetas animadas y los segmentos de transición entre cada relato mediante la técnica de stop motion. La antología fue estrenada en 2017, con un guion escrito por Jack Ketchum, Jennifer Chambers Lynch y Jovanka Vuckovic.
En los últimos años se volvió habitual la recopilación de filmes realizados por varios directores para conformar una obra coral. El género de terror y el fantástico son los que más han proliferado bajo esta práctica. XX: Pasión por el horror comenzó a gestarse desde 2014, y sus cuatro historias nos recuerdan que la verdadera pesadilla es el contrato social que nunca firmamos.
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La caja (Jovanka Vuckovic): La maternidad y el vacío
Basado en un relato del escritor Jack Ketchum, este segmento es quizás el punto más lúcido y directo de la antología. La historia sigue a Danny, un niño que, tras observar el contenido de una misteriosa caja que un extraño lleva en el metro, deja de comer por completo. El horror aquí no es el ayuno en sí, sino la descomposición del núcleo familiar: el niño le susurra el secreto a su hermana y a su padre, provocando que ellos también abandonen el consumo de alimentos.
La directora Jovanka Vuckovic utiliza este vacío absoluto para denunciar la impotencia de la maternidad frente a lo inexplicable. La madre queda completamente aislada en su confusión, observando cómo su estructura de cuidados se desmorona mientras su familia se desvanece físicamente. Es una crítica directa a la imposición de la madre como proveedora emocional y física indispensable, enfrentándola a un secreto que devora la voluntad y que permanece en una sombra aterradora para el espectador.

La fiesta de cumpleaños (Annie Clark / St. Vincent): Las dinámicas familiares
En su debut como directora, la músico Annie Clark ejecuta una sátira mordaz sobre las convenciones sociales. Mary (Melanie Lynskey) se despierta el día del cumpleaños de su hija para encontrar a su esposo muerto en la mesa. Sin embargo, en lugar de enfrentar el duelo o llamar a las autoridades, Mary se obsesiona con la negación: decide ocultar el cadáver para no arruinar la fiesta perfecta y evitar el juicio de las otras madres.
El terror en este corto es puramente social. Clark utiliza una estética de colores pasteles y movimientos de cámara simétricos para subrayar la hipocresía y la presión de las clases acomodadas. La madre termina haciendo malabares con el trágico hecho, tratando de ocultar un cuerpo inerte como si fuera una pieza de utilería. Esta situación es una metáfora sobre el esfuerzo inhumano que las mujeres realizan para mantener un simulacro de normalidad frente a la tragedia personal, llevando la historia a un desenlace que mezcla lo macabro con lo absurdo.
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No caigas (Roxanne Benjamin): El cuerpo en disputa
Roxanne Benjamin nos traslada al terreno del cine de supervivencia y la mitología antigua. Un grupo de amigos se adentra en el desierto, un espacio que la película retrata como un organismo vivo y hostil. Tras descubrir unas pinturas rupestres que fungen como un registro del pasado, una de las jóvenes es atacada por una entidad que habita el lugar. El horror aquí se centra en la mutación violenta: la anatomía de la mujer es invadida y transformada en un depredador salvaje que ya no reconoce a sus aliados.
Este cortometraje se enfoca directamente en la vulnerabilidad física frente a la naturaleza indómita. La directora optó por usar maquillaje real, látex y sangre en el set en lugar de recurrir a efectos por computadora, logrando que la deshumanización del personaje se sienta visceral y real. Es una pieza de ritmo frenético que utiliza los códigos del slasher para hablar sobre la profanación y la furia de lo que ha sido sepultado por la modernidad.
Su único hijo vivo (Karyn Kusama): La crianza y el legado del mal
El cierre de la antología, dirigido por Karyn Kusama (Jennifer’s Body), es una pieza que dialoga directamente con el legado de El bebé de Rosemary. Cora ha criado a su hijo Andy como madre soltera y en constante aislamiento, ocultándose de un pasado oscuro. A medida que el joven cumple 18 años, su verdadera naturaleza —la de ser el hijo de una entidad demoníaca— comienza a manifestarse. De este modo, la comunidad que los rodea actúa como una red de complicidad que protege al heredero, ignorando por completo la violencia que el joven ejerce.
Kusama disecciona el vínculo materno como una postura de defensa radical. La madre debe decidir entre entregar a su hijo a su destino de poder o ejecutar un sacrificio final para romper la cadena del mal. Es un relato sobre los límites del afecto frente a la maldad pura. La directora utiliza el horror sobrenatural para cuestionar si es posible redimir a alguien que ha nacido con la única convicción de destruir.
Películas de horror corporal dirigidas por cineastas mujeres
Agatha Vega
Columnista de cultura alternativa y crítica. Con background en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y 9 años de trayectoria en El Universal, Remezcla y Cultura Inquieta, mi enfoque es el análisis profundo de la contracultura y el arte contemporáneo. Te ofrezco la lectura más rigurosa de los movimientos culturales que moldean nuestra época.





